La realidad nos condiciona. Solo quienes nacimos y crecimos caminando por los pasillos abandonados de los sectores medios y medios bajo lo podemos ver. Solo quienes tuvimos la posibilidad de estar simulando, abusando de la versatilidad que desarrollamos para seguir estando en el próximo eslabón de la evolución urbana, tenemos las herramientas para analizarlo. Esto, y el repetitivo conformismo del no hay mal que por bien no venga, y que el dinero no hace a la felicidad pueden ser lo mismo. También pueden que no.
La realidad nos condiciona y crea un sentimiento de si. Nos construye. Crea una imagen que se encuentra en los ojos del otro. Funda ciertas prácticas basadas en la suposición más absurda. Y sucede también que hasta llegamos a sorprendernos cuando Doña Norma no acierta con sus suposiciones baratas.
La Norma, esta vieja prejuiciosa del barrio que vive ventilando las tristezas ajenas para no sentirse tan mal en comparación, le gusta que un negro sea drogadicto; porque su hijo que tuvo las posibilidades y no llegó a aprovechar ninguna se vuelve un diamante de lujo.
Le gusta a la vieja esto de insinuar amoríos barriales, más entre tipos casados y pendejas o entre hermanos; pues la condición paupérrima de ser corneada por el más boludo de los toros, solo se diluye suponiendo no ser la única.
Es hija de puta la Norma. Se propaga, la gorda, hasta llegar a todo el mundo con sus opiniones. Y claro, es lógico. Quién no tiene felicidades más felices ante las tristeza de los otros. Quién no tiene tristezas para diluir comparándose con algo peor. Suena terrible, ¿no? Ok. Cambiemos. Cuánto saldría una prenda del Emporio Armani si no existiese la soberbia de volver tan burdas como evidentes las diferencias sociales. Cuántos gastarían millones de dólares en un auto, si no se excitaran paseándose ante quienes carecen de los bienes básicos. Quién carajo podría comer tortitas de oro, sin culpa en el Conrad, si la Norma nos les hubiese destrozado la conciencia hace rato.
La realidad nos condiciona y crea un sentimiento de si. Nos construye. Crea una imagen que se encuentra en los ojos del otro. Funda ciertas prácticas basadas en la suposición más absurda. Y sucede también que hasta llegamos a sorprendernos cuando Doña Norma no acierta con sus suposiciones baratas.
La Norma, esta vieja prejuiciosa del barrio que vive ventilando las tristezas ajenas para no sentirse tan mal en comparación, le gusta que un negro sea drogadicto; porque su hijo que tuvo las posibilidades y no llegó a aprovechar ninguna se vuelve un diamante de lujo.
Le gusta a la vieja esto de insinuar amoríos barriales, más entre tipos casados y pendejas o entre hermanos; pues la condición paupérrima de ser corneada por el más boludo de los toros, solo se diluye suponiendo no ser la única.
Es hija de puta la Norma. Se propaga, la gorda, hasta llegar a todo el mundo con sus opiniones. Y claro, es lógico. Quién no tiene felicidades más felices ante las tristeza de los otros. Quién no tiene tristezas para diluir comparándose con algo peor. Suena terrible, ¿no? Ok. Cambiemos. Cuánto saldría una prenda del Emporio Armani si no existiese la soberbia de volver tan burdas como evidentes las diferencias sociales. Cuántos gastarían millones de dólares en un auto, si no se excitaran paseándose ante quienes carecen de los bienes básicos. Quién carajo podría comer tortitas de oro, sin culpa en el Conrad, si la Norma nos les hubiese destrozado la conciencia hace rato.

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10 comentarios:
Jode por Norma. Algunos ya lo tienen en sus vidas.
Un saludo
Muy buen texto Jon!
Nos pasea por muchos lados de la sociedad que ya están naturalizados.
salu2
bye
Avisado por tu anuncio en el Reino Menguante, he pasado a verte y te apunto entre mis enlaces. Saludos
jalvaro,
Está instaurado en la vida de una mayoría o me parece a mi? Jeje!
Flor,
La naturalización es el karma de la sociedad. Nadie dijo esa frase, todavía?
Capitán,
Me sorprenden las coincidencias.
Gracias por lo comentarios.
Saludos.
jon!
Hola Jon amigo ..he venido a probar para ver si me aclaraba y veo que que he dado con la tecla ..la informatica no es mi fuerte...
Que te vaya muy bien por aquí ..seguiremos en contacto .
LOLA
"Es hija de puta la Norma. Se propaga, la gorda!". Que buena frase.
saludos.
Yo diría que la dichosa "norma"..es tan meteme en todo..que la invitamos a tomar café...supongo que para distraer nuestras conciencias...
un beso...LOLA
En estos últimos tiempos me he preguntado mucho ¿Qué-mierda-es-la-norma?
He llegado a un pensamiento medio, pues me falta mucha vida para encontrar la conclusión, que radica en pensar con normas más acotadas, a un cierto grupo, a un determinado comportamiento. Me cansé de pensar globalmente, me desilucioné por no conseguir resultados masivos.
Ahora bien. ¿No es esto parte de otra sub-norma? ¿Podremos escapar entre las capas que las dictaminan?
¿Por qué tuve que ver Matrix?
Gracias, Gracias, Gracias.
Usté sabe porque.
No sabés, Lola, cuanto me alegra verlos pasar por acá. Ojalá que me visiten seguido los ex comapñeros de La comunidad (dicho así, pareciera que somos una secta). Jaja!
Niño Espina,
Sin duda, decir que no somos parte de la norma es como decir que no somos parte del sistema. Es cierto lo que planteás y yo me pregunto lo mismo: ¿que mierda es la norma?
Es por eso que en este caso, para no ser tan filosóficos, la Norma es una almacenera de mi barrio; chusma como ella sola.
Gracias a vos, por el comentario.
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