En Argentina existen unos hombres gordos que mueren por adelgazar, pero no pueden. Esto no significa que no tengan la fuerza de voluntad suficiente para encarar las dietas sacrificadas de las 1000 calorías. Al contrario, ellos estarían gustosos de poder saborear un pollo hervido con zapallo y se deleitarían viviendo a ensalada en sus variadísimos ejemplares. El problema de ellos es que no los dejan: viven obligados a esos banquetes que exponen los cortes menos magros de la carne vacuna, atados a la vida mundana de la grasa saturada y las papafritas, acompañadas por la cervecita helada hacia la tarde.
Estos gordos nacieron ya hace más de 60 años con la esperanza de ser libres, de poder elegir. Se aprendieron de memoria los pasajes de Sartre sin pensar que ahora, ya ancianos, en el último ciclo de la vida donde toda actividad ronda en cosechar los años sembrados, los exponga a realizar la más aberrante de las tareas.
Fueron hombres de bien, arrancaron en la adolescencia a trabajar muy duro para darse esos pequeños lujos que eran la simple satisfacción de las necesidades primarias. Soñaron con tener a una Marilin Monroe recostada sobre su cama y, aunque la mujer que los acompaña no posea esa atracción inigualable, la han respetado y han mantenídose en forma para que no se pierda la atracción de aquellos años felices.
Estos hombres, que algunos supieron ser científicos respetados, fueron despojados de su vida por la generación Coca-Cola. Fueron sometidos a imitar las prácticas más nórdicas: obligados a mostrar un aspecto dejado –que nunca tuvieron- que suele reflejarse en esas barbas largas, ya canosas por el paso del tiempo.
“Tenés que hacer el papel de viejo dejado. Porque no sos más que eso” le dijeron y le pusieron un traje rojo con bonete para que todo mundo los vea cagarse de calor, mientras reparten panfletos en las peatonales urbanas con 40 grados a la sombra.
Sin embargo, se los ve sonriendo a carcajadas. Porque pese a que algunos publicistas intentaron denigrarlo de tal manera, estos gordos de rojo morirán sabiendo lo que significa la mirada fascinada de un niño inocente. Morirán sintiendo que alguna vez hubo un pequeño, que logró despegarse de la mano sobreprotectora de su madre para darles el abrazo más sincero, esperando de su parte aunque sea un pequeño caramelo derretido.
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8 comentarios:
Bonito post Jon, me pasaba a felicitarte las fiestas desde galicia, Un biquiño y mis mejores deseos para estos días.
megusto mucho
realmente
saludos
La verdad.... nose si es por que estoy fumado o que, pero me dio triztesa esto..
Ta bueno
Chau
Celia-lor:
Gracias por todo. Mis mejores deseos para este 2008 que se asoma.
Vict@r, gracias.
Rock:
Estar fumado puede ponerte más sencible, pero es realmente triste este texto (aunque intenté darle un tono positivo en el último párrafo).
Me alegran sus comentarios, sinceramente. Saludos a todos.
jon!
Mira por donde, Jon, soy el segundo gallego en visitarte, despuésde leer el buen escrito que arriba expusiste. Tan bien desde aquí, desde la misma tierra gallega de Celia, que también es amiga mía, te deseo una muy felices fiestas de Navidad, supongo que por ahí en verano, y que el próximo 2008 te venga cargado de todo aquello que tú desees. Un fuerte abrazo, amigo. Te seguiré leyendo.
!!FELIZ NOCHE , SALUD ..SIEMPRE!!!!
En la vida hay tantos senderos
por caminar,
qué ironía que al fin
nos llevan al mismo lugar,
a pesar de las diferencias
que solemos buscar.
Respiramos el mismo aire,
despertamos al mismo sol.
Nos alumbra la misma luna,
necesitamos sentir amor.
Nos alumbra la misma luna,
necesitamos sentir amor.
Hablemos el mismo idioma,
que hay tantas cosas porque luchar.
Hablemos el mismo idioma,
que solo unidos se lograrán.
Hablemos el mismo idioma,
que nunca es tarde para empezar.
Hablemos el mismo idioma,
bajo la bandera de libertad.
Golora Estefan:
Estos individuos son carne magra en la dieta social de cada día.
No hay con que darle.
Maldita sociedad de consumo.
fernandomaria,
La casita es chica, pero el corazón es grande. Gracias por pasarte por acá. Te deseo la felicidad entera (pese a que muchos aseguren que siempre se presenta en partes).
Lola, Salú!
Niño Espina:
Salud, por la maldita sociedad del consumo y por esa carne magra que nos toca cenar incluso en noche buena.
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